En Almería, mientras miles de viviendas esperan por un inquilino, las familias enfrentan el drama de los desahucios. Un contraste que llama a la reflexión.
En Almería, la contradicción es palpable: mientras miles de viviendas permanecen vacías, otras familias luchan por un techo sobre sus cabezas. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, en la provincia hay aproximadamente 73.000 viviendas sin ocupar, un número que incluye promociones inacabadas, inmuebles desocupados y propiedades turísticas, pero que no contempla las segundas residencias. Este fenómeno se sitúa en contraste con el crecimiento demográfico de la provincia, donde la creación de nuevos hogares se expande diez veces más rápidamente que el parque residencial formal disponible. Mientras tanto, los juzgados ejecutan más de un desahucio al día, un ritmo que alerta sobre la necesidad de políticas inmobiliarias más equitativas. ¿Acaso no es hora de que el ladrillo sin uso se convierta en hogar para aquellos que lo necesitan?
El mercado inmobiliario, ese enigma almeriense, también refleja una realidad preocupante: el stock de viviendas vacías contrasta con el aumento del número de desahucios. Si bien las cifras son alarmantes, también lo es el hecho de que mientras algunas propiedades esperan a un inquilino, otras familias ven cómo se les esgrime la ley para desalojarlas. ¿No sería un buen momento para que el ladrillo sin uso se convirtiera en hogar para aquellos que lo necesitan? En este juego de suma cero, la justicia y la dignidad de las personas deberían ser prioridad.