En la segunda vuelta se invirtieron las predicciones y, contra todo pronóstico, Lula fue reelegido una vez más. Solo una pequeña empresa encuestadora, Vox Brasil, acertó en ambas ocasiones. Tras la victoria del candidato del Partido de los Trabajadores (PT) los adjetivos vertidos por la prensa fueron sencillamente descomunales. Si en la primera vuelta la victoria de Bolsonaro no era descartable, tampoco la de Lula en el balotaje. El presidente es un gran animal político como para darlo por muerto anticipadamente. La segunda vuelta fue una nueva elección. A diferencia de la primera, el voto de cada ciudadano tenía consecuencias irremediables, junto con una izquierda herida que se movilizó masivamente ante el 25 de octubre. Si a esto se le suma un replanteo total de la campaña del PT, se entiende el descenso del abstencionismo y del voto en blanco y nulo, que también los favoreció. Incluso es probable que una parte no menor de los votantes de los candidatos derrotados el 4 de octubre, pese a ser encasillados como de derecha, apoyasen a Lula. El inicio de su cuarto mandato será el 5 de enero, ya con 81 años. Su gestión será